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S.FRANCISCO JAVIER. 500 años de su nacimiento

Hoy es un día distinto. Hace 500 años nació en Javier, Francisco, jesuita y patrono de las misiones.

                       

                        Naciò en 1506 en el castillo de Javier, en Navarra. Tuvo una infancia feliz y le encantaban los deportes. A los 10 años, vivió la toma de Navarra por Fernando el Catòlico y vió cómo el Rey mandaba desmochar el Castillo de su familia. A los 19 años marchó a Paris, viviendo en el Colegio de Sta. Bárbara. A las cuatro de la mañana, un estudiante tocaba una campana para despertar a todos: profesores y alumnos. Una hora más tarde tenían la primera lección; después de la Misa, el desayuno, un panecillo caliente, y luego tenía lugar la clase principal del día. A las 11 comían, mientras un estudiante leía la Biblia. La clase de la tarde era a las seis. A las 9 se tocaba silencio, aunque era posible obtener un permiso especial hasta las once para estudiar.
                        Vida dura la de Javier y la de los estudiantes entonces. En su habitación, vivían Pedro Fabro y un estudiante mayor: Ignacio de Loyola. Poco a poco, Ignacio fué cambiando la vida de sus compañe­ros. En 1533, el grupo de siete amigos se comprometen a seguir a Jesús, para siempre. Se acababa de fundar la compañia de Jesús. Javier tenía 26 años e Ignacio 43.
                        El Rey de Portugal pidió a Ignacio de Loyola unos misione­ros para Las Indias. Destinó a dos. Dos días antes de la partida una de ellos cayó enfermo y Javier fué elegido. Al día siguiente partió para Portugal a través de los Alpes. Salió de Lisboa y al fin llegaron a Goa. Javier se dedicó a predicar. Recorrió toda la costa de la Pesquería y cuenta que se le cansaban los brazos de tanto bautizar. En 1545 parte hacia las Molucas. De allí, en Oceanía, parte para Japón. En 1549 llegó a Kagoshima. Estudió el idioma y tradujo el evangelio de Mateo al japonés y se lo aprendió de memo­ria. No consiguió conver­tir a muchos, pero dejó la semilla de los primeros cristianos japoneses. En 1552 viajó a China. Llegó a la isla de San-Cian y alli enfermó gravemente. Alojado en una pequeña choza, mirando las costas del continente, el 3 de diciembre Jesús le llamó a su lado. En ese momento, el crucifijo del Castillo de Javier, comenzó a sudar sangre.
                        Miles de kilómetros recorridos, dando a todos la Buena Noti­cia. Cansancio, esfuerzo, penalidades, pero sobre todo felicidad. El mismo nos cuenta en una carta: "sólo por Dios se pueden tolerar tales trabajos... yo no cargaría con ellos ni un solo día por todo el mundo".
                        Este es nuestro ejemplo hoy. El día de un jóven depor­tista, que se creyó que Tu Jesús merecias la pena y que le llamabas a formar parte de tu equipo, para darte a conocer y llevar la felici­dad a todos los hombres. Francisco Javier, el incansable, el alegre estudiante que se planteó cual era el sentido de su vida y vió que pasaba por llenar de sentido a los demás.
                        Jesús. Mueve nuestros corazones y haz que también nosotros sintamos que estamos llamados a grandes empresas. En este día, te queremos ofrecer nuestro trabajo por todos los que hoy, como Javier entonces siguen en primera linea, llevándote a los demás. Buenos días.

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